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LAS ESTATINAS

lunes, 16 de agosto 2004


Un ensayo español descubre que las estatinas son tan eficaces como los cócteles de antivirales
Fármacos contra el colesterol para frenar el sida

España es el segundo país de la UE con mayor incidencia de casos de sida. Esta situación ha hecho que los científicos españoles hayan tenido numerosas posibilidades de investigar sobre la enfermedad. Pero las mayores aportaciones se han dado en el campo de la epidemiología. Dos publicaciones casi simultáneas recogen el resultado de dos ensayos que abren vías para el control de la enfermedad. El primero, dirigido por Carlos Martínez, presidente del CSIC, muestra la capacidad de las estatinas (fármacos usados contra el colesterol) para frenar el virus. El segundo, de Eduardo Fernández Cruz, del hospital Gregorio Marañón, abre la puerta a la primera vacuna terapéutica contra la enfermedad.

Por Javier Sampedro


Carlos Martínez, presidente del CSIC.

El País (16/08/04, 20.50 horas)

El equipo del actual presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Carlos Martínez, lleva cinco años estudiando cómo entra el virus del sida (VIH) en las células humanas (en los linfocitos, que destruye, pero también en otras, como células epiteliales o neuronas, donde se esconde). Sus últimos datos han revelado que las puertas de entrada son unas regiones de la superficie celular (rafts, o balsas) caracterizadas por un alto nivel de colesterol.

En vista de ello, y en colaboración con los hospitales Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares, Madrid) y La Paz (Madrid), los investigadores han demostrado que las estatinas, los fármacos que actualmente se usan contra el colesterol, inhiben la replicación del VIH en las células humanas. En un pequeño ensayo con seis pacientes durante un mes, el tratamiento con estatinas redujo la carga viral en cantidades comparables a los actuales cócteles triples (HAART), las combinaciones de tres medicamentos contra el sida que se emplean para tratar la infección.

Si los resultados se confirman en ensayos de mayor escala, las estatinas se pueden convertir en un nuevo fármaco contra el VIH. Todo nuevo medicamento antisida es valioso, ya que los actuales, que pertenecen todos ellos a tres familias, generan, después de un tiempo, virus resistentes en algunos pacientes.

Las estatinas tienen tres ventajas sobre los fármacos actuales. En primer lugar, son mucho más baratas (un cóctel cuesta alrededor de 7.000 euros por paciente y año en España); en segundo, menos tóxicas (los antivirales tienen importantes efectos secundarios); y, en tercero, son más fáciles de administrar (la triple terapia tiene complicadas y estrictas pautas de administración). Además, como son fármacos ya en uso (millones de personas las toman en el mundo para reducir su colesterol), la mayor parte de la experimentación clínica (la que se refiere a seguridad y dosis) está ya hecha y aprobada en todos los países.

Las multinacionales farmacéuticas desarrollan nuevas estatinas continuamente. El trabajo español está financiado en parte por Pfizer, que aún tiene algunas estatinas protegidas por una patente. Pero lo más interesante es que algunas estatinas ya tienen la patente expirada, y ya hay genéricos (fármacos equivalentes pero de mucho menor precio) en el mercado. Esto puede convertir las estatinas en una herramienta de inmenso valor en el Tercer Mundo, donde el acceso a los cócteles antivirales es ínfimo (apenas llegan al 4% de los seis millones de personas que los necesitan).

El trabajo, que se publica hoy en The Journal of Experimental Medicine, es producto de una colaboración entre el laboratorio de Martínez, en el Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), con la Universidad de Barcelona y los hospitales madrileños Príncipe de Asturias y La Paz.

Melchor Álvarez de Mon y Manuel Rodríguez Zapata, del hospital Príncipe de Asturias, han dirigido el miniensayo clínico. Han reclutado a seis pacientes seropositivos (infectados por el VIH, pero aún sin síntomas de sida) que nunca habían recibido el cóctel de fármacos antivirales (HAART), y los han tratado durante un mes con estatinas, a las dosis habituales en la medicina cardiovascular (una píldora de 50 miligramos una vez al día).

"Los resultados fueron llamativos", dice Carlos Martínez. "Los seis pacientes mostraron una reducción de la carga viral en sangre similar a la que induce el HAART, entre uno y dos órdenes de magnitud [el equivalente a dividir la concentración de virus en sangre por diez o por cien]. En otras palabras, las estatinas detienen la progresión de la infección".

Con millones de usuarios en todo el mundo, es obvio que muchos pacientes seropositivos habrán tomado ya estatinas, aunque sólo sea porque también tienen un riesgo cardiaco. Además, las estatinas se recetan a algunos pacientes para paliar dos de los efectos secundarios de los cócteles antivirales, la hiperlipidemia (exceso de grasas en la sangre) y la lipodistrofia (acumulación en grasa en lugares anómalos del cuerpo). Pero si las estatinas contribuyeron a reducir la carga viral en esos pacientes, que también tomaban los cócteles, nadie se dio cuenta. Nadie estaba buscando ese efecto.

Pese a que la decisión de ensayar las estatinas se basó en argumentos biológicos muy sólidos, el descubrimiento ha tenido también un ángulo inesperado. La principal razón de que las estatinas frenen al VIH no es que reduzcan el colesterol, sino que también bloquean a una proteína (Rho) reguladora del citoesqueleto, o sistema de andamios de la célula. El virus necesita reconfigurar esos andamios para entrar a la célula, y también para salir de ella una vez que se ha reproducido. Y no puede hacerlo sin Rho. Este hecho, por cierto, abre la vía para buscar una nueva generación de fármacos antisida, los reguladores del citoesqueleto, que podrían unirse a los que actúan sobre las proteínas que regulan la multiplicación del virus (inhibidores de la proteasa y de la transcritasa inversa) o su entrada en la célula (inhibidores de la fusión).

Martínez reconoce que es posible que, si el tratamiento del sida con estatinas se llega a aplicar, haya una posibilidad de que los virus se hagan resistentes a estos fármacos, como ya ha ocurrido con los cócteles, que generan resistencias en un 15%-20% de los pacientes. Pero, a diferencia de los antivirales actuales, las estatinas no atacan a componentes del virus, sino de la célula humana, y eso deja al VIH sin su principal arma para hacerse resistente: mutar sus genes a toda velocidad para que el fármaco ya no los reconozca.
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