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lomioestuyo, yo no

siempre que veo caballos me acuerdo de esta pelicula

siempre que veo caballos me acuerdo de esta pelicula estoy pasando los vhs a dvd, que ocupan menos
y de pronto descubro una cinta casi olvidada de unas películas eróticas argentinas, son imprescindibles, sorprendentes en su estética y su contenido
me falta el principio, las grabé a altas horas de la noche cuando llegaba a casa de retirada
las imágenes eran tan impactantes que cogí una cinta y puse gabar lo que salía por la segunda cadena, sería el verano del 92
como no conocía el título, pues la película ya estaba empezada
he metido en google, el nombre del director y de la actriz
y me ha salido

este enlace entre otros

y dice



Fiebre, de Armando Bo, con Isabel Sarli. Por Javier Diment.



No puedo pensar en caballos sin recordar "Fiebre". Desde que la ví por primera vez ejerce sobre mí una extraña fascinación. Es, como tantas de esta pareja, una película extrema. Una película de argumento muy sencillo, que por momentos se desdibuja, y si bien sé que está hecha sin muchas ambiciones, fuera de ganar buen dinero con la exhibición del cuerpo de Isabel Sarli, me resuena en muchos lugares, bien distintos entre sí. Vamos a destacar algunas situaciones y diálogos, para intentar entrar en los abismos de Fiebre (si es que existen) y exorcisarla.

Sandra (Isabel Sarli) estaba casada con un terrateniente. No se querían. El era dueño de caballos de carrera. Un día, paseando, Sandra conoce a José María (Armando Bo), un hachero recio, y rápidamente se enamoran. Pasan a ser amantes. Y la base de la relación es el sexo desenfrenado, irresistible para ambos. Pero, ya pasado algún tiempo, el marido se entera y la encara. Ella le dice que lo odia, él que no puede vivir sin ella, ella que entonces se mate. Y el marido, en uno de los boxes de su haras, le hace caso y se mata.

Se legaliza entonces el romance entre Sandra y José María, hasta que poco tiempo después, en la cama, a él le da un ataque al corazón y muere. Ella queda sola, heredera del haras de su marido, y desesperadamente melancólica por la falta de su hombre, cuya virilidad nadie puede reemplazar.

Este es el argumento básico, aunque me estoy salteando un relato paralelo, importantísimo. Una vuelta, José María y ella, ven el parto de una yegua. El potrillo que nace se llama Fiebre. Ella sigue el crecimiento del potrillo, y poco a poco se enamora de él. No es que se enamora de mandarle cartas o susurrarle declaraciones al oído, pero sin dudas se enamora. Entonces, en su soledad, una vez muerto su fogoso amante, se le mezclan permanentemente en la memoria los recuerdos de su relación con las imágenes de Fiebre, corriendo, creciendo, convirtiéndose en un hermoso animal. Ella sufre mucho por Fiebre, ya que por ser un caballo de carrera, no puede amar. Hasta que fiebre tiene un accidente, y pasa a ser padrillo. Ella celebra con champagne el debut sexual de su potrillo. Y se calienta a más no poder, atracando con desesperación al veterinario que lo asiste.

Pero pasado un tiempo, y menguando las riquezas de Sandra, el administrador de sus bienes (que la ama, aunque ella no el da bola, llegando incluso a hacerla fumar marihuana para lograr que ella olvide a su amante y le diga, aunque sea una vez, sí) anuncia que tienen que vender a Fiebre a Estados Unidos. Luego de dudarlo mucho, ella accede a la venta. Y corre a contarle a su nuevo amante, el veterinario, que ya le había pedido que vivan juntos. El no puede creer que ella esté apasionada por ese animal. En la escena siguiente, ella va al box y, en soledad, empieza a refregarse contra el caballo, muy caliente, mientras recuerda sus polvos con José María.

Luego, se llevan a Fiebre. Ella, llorando, lo despide diciédole: Adiós, Fiebre. Te quiero mucho. Me iré contigo. Y le manda besitos.

Fin.

Este relato extraño, estrenado en el año 1970, aumenta en extrañeza por cómo está estructurado. Una serie de flash backs que nos van contando su relación con su marido, con José María y con fiebre, que van apareciendo como recuerdos de ella cada vez que está caliente y empieza a manosearse. En la cama, contra una ventana de día, contra la misma ventana de noche, mirándose al espejo, revolcándose sola en el pasto... Y siempre, cuando recuerda su pasión, se sobreimprimen las imágenes de sus encuentros con José María e imágenes de planos cerrados de caballos en pleno apareamiento. Pocos arranques de calentura de ella van separados de sus fantasías y reminiscencias del sexo de los caballos. Hasta que, en el summun de una de sus calenturas, sale al campo, se desnuda se masturba, con planos sobreimpresos a media máquina de, por llamarlo de alguna manera, pornografía equina, planos bien cerrados de sexo explícito entre caballos. Que en cualquier documental de animales los podemos ver con simple curiosidad, pero sobreimpresos contra la imagen de la descomunal Coca, revolcándose y manoseándose en el pasto, cobran otra dimensión.

Y todo esto responde a una declaración de Sandra a su Apoderado: "Amor como yo lo concibo: bestial. No quiero refinamientos de ninguna especie. Quiero Machos, así, con mayúscula (...) Quiero vida, hombres potentes, viriles, como los padrillos que hacen gozar a sus yeguas con el solo aporte de su virilidad, de su fuerza sexual que me enloquece. (...) Nunca olvidaré la primera vez que ví un caballo en un acto sexual. Bárbaro."

No voy a hacer interpretaciones ni lecturas. Solo exponer una serie de ítems llamativos, que hacen de Fiebre una película que nunca deja de sorprender.

-Sobre el comienzo, se puede leer este texto en un cartón: Dios dio a los animales y a los hombres el sexo para multiplicarse y el amor como sentimiento, a El me remito a través de esta película.

-En la primera carrera que gana Fiebre, el Apoderado le cuenta que ganó mucho dinero, y le pregunta a ella cuanto ganó: Nada. Yo nunca apuesto. Yo quiero que gane.

-Un rato después, están brindando, y ella le cuenta que siempre iba a ver aparearse a los padrillos. Y agrega: Pobre Fiebre. Nunca conoció el amor. Nunca conoció la fiebre del amor.

-Una secuencia: Ella en su casa, frente al espejo. Recuerda el comienzo de su romance con José María. Volvemos al presente, ella sigue igual. Otro flash back, continúa el anterior. El la invita a pasar a su casa, luego de contemplar juntos un pollito. Otra vez presente, pero ella ya está masturbándose frente al espejo. Voz en off de ella, y mientras dura el texto, vemos imágenes de ella haciendo el amor con José María, ella masturbándose contra el espejo en el presente, e imágenes de caballos a través de una ventana. El texto en off: Me veía desnuda ante el espejo, acariciaba mis propias carnes, y sentía a José María, cerca mío, muy cerca. Y conseguía volar a otro mundo, el mundo que él me enseñó a conocer (...) Pensaba en José María y se me aparecía nítidamente la imagen de un padrillo salvaje y dominador, y me entregaba a sus deseos, salvajes, dominantes, exigentes.

-Ella y José María, después de una buena sesión, se despiden, y no pueden resistirse a otra buena sesión, esta vez en el pasto, al aire libre. El sonido es de relinchos de caballos.

-El personaje del mayordomo gay, su mejor amiga, también caliente con José María.

-La presentación del personaje del veterinario, su futuro amante: ella lo descubre cuando él está mirando atentamente a dos caballos en pleno polvo.

-Dos caballos intentan aparearse. Ella, vestida de negro y con una rosa roja, observa enmarcada por una pared de heno. Dos peones hacen que los caballos no logren su cometido. El veterinario se le acerca.

Veterinario: ¿Le apasiona todo esto?
Sandra: Todo lo que es vida me apasiona.
V: Es el amor, frustrado. Vea (señala a los caballos que no lo logran). No lo deja, no lo deja, no quiere. Malvados.
S: Una tortura... sexual.
V: En este caso es provocada, diría, profesionalmente. En cambio entre los seres humanos... es otra cosa.
S: Los seres humanos... la misma situación. Cuando una mujer quiere, o desea, aparece el mundo, llamémosle la sociedad, que lo impide.
V: Cuando una mujer quiere no hay nada que lo impida.
Ella se va.

-El apoderado le cuanta a Sandra sobre el accidente de Fiebre. Se toman un trago. El le convida un porro. Ella fuma.

S: ¿Qué estamos fumando, Roberto?
A: Te vendrá bien. Levanta el ánimo y hace soñar.
S: ¿Y por qué no me has dicho lo que era?
A: ¿Por qué? De pronto me ves como un caballo y decides conocerme más profundamente.
Ella fuma, y en su locura ve sus tetas acariciadas, flores, se le mezclan el Apoderado con José María, que es el que le acaricia las tetas. Al día siguiente:
S: ¿Has conseguido lo que deseabas?

-En el haras. Fiebre la va a poner por primera vez.
Sandra: Al fin llegó este día. Pobrecito. Cuanto habrá sufrido sin conocer el amor. Manolo, trae una botella de champagne. Quiero brindar. Por Fiebre y por el amor.
Peón: Y por la yegua, señora. Ella también es primeriza.
S: Por ella no se preocupe. Solo acepta al macho. Es una actitud pasiva. En cambio él...
Sandra se queda con el Veterinario. Fiebre está encabritado. Ella mira muy caliente. El mayordomo les lleva champagne. Ella se chupa el meñique. Mira re caliente al veterinario, que le devuelve la mirada. Los caballos siguen. Plano de descorche de champagne, con toda la espuma chorreando. Ella levanta su copa, mira a Fiebre en plena cabalgata y le dice: Salud, Macho.

-Luego de una larga escena erótica ya mencionada, con ella masturbándose al aire libre, pornografía equina, relinchos, y la increíble canción Fiebre, una especie de folk acelerado, ella va, de noche y en plena tormenta, al box de Fiebre. Allí se encuentra al Veterinario. Ella se saca el piloto: abajo lleva un vestidito de tul rosa, parece envuelta para regalo. El se arrodilla a sus piés y se le va encima. Al lado está Fiebre, que se excita mirándolos. El Veterinario la tira al piso y empiezan a revolcarse en el heno, que ella, en su fragor, muerde, salvaje.





Sí, me gusta esta película. No puedo evitar pensar en el deseo, en las mujeres, en las mujeres pensadas por los hombres, en ciertas maneras de la atracción sexual, en ciertas maneras del sentimiento humano. Además me divierte. Y además, (insisto, esta es una característica de varias películas de la dupla Sarli-Bo), es muy jugada, va hasta el fondo de lo que busca, no se detiene en tímidas y tíbias sugerencias. Y eso, en el cine de hoy, se extraña.

y para acabar aqui tenemos la filmografia de Isabel Sarli
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